14 julio 2011

Habia una vez

Había una vez
Había una vez una princesa sin reino.
Desde que la secuestrara el malvado Perezosol, el reino antes alegre
Era ahora triste y melancólico, las casas antes pintadas de diversos
Colores, ahora eran grises y lúgubres, sus habitantes antes charlatanes, ahora
Eran mudos y sin vida.

Todos les esfuerzos de los reyes por recuperar
A la bella princesa terriblemente caían en el olvido. Y así poco a poco,
El tedio y aburrimiento se fue apoderando del reino y sus habitantes,
Las flores comenzaron a marchitarse, y las malas hierbas se fueron
Apoderaron del lugar, y el reino fue desapareciendo sin que nada ni nadie lo pudiera evitar.

Desconsolada la bella princesa a la que nadie acudía en su auxilio,
Rompió a llorar y de sus desconsoladas lagrimas,
Se formo un lago bellísimo al que llamaron “desesperanza”.

Perezosol hijo de amargol y de Constanza era un príncipe
Que aunque muchos creáis que es un ogro  era bello,
le caía una melena rubia que le llegaba hasta los hombros,
De ojos verdes y rasgados le daba un aspecto oriental, sin serlo.
Mientras la bella princesa sin reino seguía llorando, y de sus lágrimas surgieron
Los ríos “esperanza y consuelo”, dos bellos ríos por el cual navegaban grandes barcos abasteciendo así al reino de la oscuridad.
Un buen día la bella princesa sin reino dejo de llorar, y sus ojos grises se volvieron azules como el cielo, su pelo oscuro por la pena, cogió un tremendo
Color caoba, el cual brillaba con cada rayo de sol.
Eso hizo que el príncipe Perezosol se empezara a fijar en la bella princesa sin reino.
Y, como un suave susurro de viento de verano, el malvado príncipe empezó a enamorarse de la bella princesa, siendo cada vez más y más amable, lo que hizo que ella también se empezara a enamorar de Perezosol. Al igual que los rayos de sol se abren paso entre las nubes después de una tormenta, así paso con el bello castillo de la bella, las ramas poco apoco comenzaron a disiparse, y las gentes que habitaban el castillo fueron saliendo de su aletargamiento, las casas comenzaron a ser de colores y la gente empezó a ser feliz.
De tal modo creció el amor entre la bella y el malvado, que hasta el reino de la oscuridad empezó a brillar de luz y color.
Con el amor de la bella, consiguió que el negro corazón de Perezosol se tornara de un azul cielo y que poco apoco se abriera al mundo.
Tanto creció el amor entre ellos que decidieron casarse, mandaron invitaciones a todo ancho y largo del mundo. Del enlace nacieron preciosos niños que aportaron luz y color a  la vida de todos los habitantes.
Y la bella princesa sin reino desde entonces tuvo dos hogares y su felicidad fue inmensa.
Colorín colorado este cuento se ha acabado
José Manuel Angulo García
Zaragoza 2011

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