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23 mayo 2010
Impresionante testimonio de un superviente Judio
La infernal rutina ideada por los jerarcas nazis para convertir en ejecutores a los propios judíos ha perseguido a Venezia durante toda su vida. "Nunca se sale del campo, todo te recuerda a aquello", explica en un perfecto castellano que en realidad es ladino, el dialecto de los judíos de origen español. "Da igual cualquier cosa que hagas, lo que sea que veas o pienses, todo devuelve tu espíritu al mismo lugar".
Shlomo Venezia fue uno de los 70 supervivientes de los comandos especiales. "Durante mi estancia mataron a 741 de los nuestros". Antes de que llegaran los rusos a Auschwitz, Venezia logró escapar y llegar hasta Mauthausen. Desde allí viajó a Italia. Pasó siete años en el hospital, enfermo de los pulmones, y permaneció 47 años en silencio, sin poder asumir su experiencia. Un día de 1992, Venezia se dio cuenta, viendo en Roma una exposición de Anna Frank, de que volvía un clima antisemita. Animado por su alegre y valerosa mujer, Marika, una judía húngara 15 años más joven que él, con la que tuvo tres hijos y que desde hace 21 años se ocupa de la modesta tienda de ropa y bolsos de la familia situada a 50 metros de la Fontana de Trevi, el superviviente empezó a narrar su historia.
Desde entonces no ha dejado de hacerlo; en cientos de escuelas italianas y en los Viajes de la memoria a Auschwitz que organiza el Ayuntamiento de Roma -gracias a una iniciativa de Walter Veltroni- desde hace un par de décadas. "Shlomo ha ido ya 54 veces a Auschwitz", cuenta su esposa mientras esperamos en la tienda a que llegue su marido. "La primera vez que le invitaron dijo que no, pero al final se decidió a ir con un amigo para darse fuerza mutuamente. Pasó casi 50 años en silencio... No fue fácil. Cuando bañaba a los niños y le preguntaban qué era ese número tatuado en el brazo, les decía: 'Es el teléfono de una novia que tuve".
En 2006, Venezia se decidió a poner por escrito su testimonio, tan singular como crucial para desmentir a los negacionistas. Concedió una larga entrevista a la periodista francesa Bèatrice Pasquier, publicada como libro en enero de 2007 por la editorial Albin Michel con un prólogo de Simone Veil, ex ministra francesa y ex presidenta del Parlamento Europeo. Tras ser traducido a 19 lenguas, el alegato de este hombre honesto y limpio, injustamente acusado por otros supervivientes de haber colaborado con los nazis, llega ahora a España con el título de Sonderkommando. En el infierno de las cámaras de gas (RBA Editores).
Conociendo a Venezia, cobra más sentido lo que escribió en el prólogo Simone Veil, superviviviente de Auschwitz: "La fuerza de este testimonio se debe a la irreprochable honestidad de su autor, que sólo cuenta lo que él mismo ha visto, sin omitir nada".
Pregunta. ¿Cómo mantuvo su familia el ladino, viviendo en Grecia y siendo italianos?
Respuesta. No he reconstruido mi árbol genealógico, pero sé que fuimos expulsados de España por los Reyes Católicos y que acabamos en Italia. Otros fueron a Marruecos. Los judíos de entonces no tenían apellidos. Se llamaban Isaac, hijo de Salomón, por ejemplo. Muchos tomaron el nombre de las ciudades donde se instalaron. Por eso nosotros nos llamamos Venezia. En casa hablamos siempre ladino, aunque desde Italia se fueron a Salónica, no sé cuándo. Yo lo hablé hasta que hace siete años murió mi hermana. Una vez fui a España [adonde volverá el próximo día 26, con motivo de la publicación de su libro [y para un homenaje organizado por Casa Sefarad-Israel] a hablar de mi historia y un hombre me dijo: "Ha usado usted palabras que no se oían aquí desde hace 500 años". Por ejemplo, 'condurias', que quiere decir zapatos.
P. ¿Cómo era su vida en Grecia hasta que fue deportado?
R. Éramos muy pobres. Los judíos vivíamos en chabolas de hojalata en diversos barrios de Salónica. Mi hermano mayor estaba en Italia estudiando con una beca del consulado. Mis tres hermanas y yo estudiábamos en el Colegio Italiano. Mi padre murió de repente cuando yo tenía 11 años. Entonces tuve que dejar de estudiar para ayudar a mi madre. En 1938, mi hermano volvió a casa debido a las leyes raciales de Mussolini. Los alemanes habían ocupado Grecia y yo me dedicaba al estraperlo de tabaco. Se lo cambiaba a los soldados por medicinas para la malaria. La mitad las vendía para comer y la otra mitad para comprar más tabaco. Ahí aprendí un poco de alemán.
P. Le detuvieron en abril de 1944. ¿Qué pasó?
R. Estábamos en Atenas, bajo la ocupación italiana. A primeros de marzo promulgaron una ley que obligaba a los hombres judíos a pasar cada viernes por la comunidad para firmar en un registro. Un viernes nos encerraron allí y ya no pudimos salir más. Luego nos llevaron a la cárcel de Haidiri y en el patio encontramos a la familia. Nos dijeron que nos iban a mandar a Alemania y que nos darían una casa. Que los hombres tendríamos trabajo y las mujeres cuidarían de los niños. Una mañana nos llevaron al tren. No sabíamos nada de Alemania. No teníamos radio ni nada. Era el 1 de abril.
P. ¿Cómo fue el viaje?
R. Duró 11 días, no se acababa nunca. La Cruz Roja de Atenas nos dio unos paquetes con comida antes de salir y gracias a eso logramos llegar vivos. En mi vagón íbamos 65 personas. En total seríamos 1.500. Cuando llegamos a la Rampa de los Judíos, un lugar desde el que no se veía ni Auschwitz ni Birkenau, que era donde estaban los cuatro hornos, hicieron la selección. Eligieron a 320 hombres para trabajar y a 113 niñas para coser ropa. A los demás no los volvimos a ver.
P. Su madre y sus tres hermanas murieron ese mismo día.
R. Según supe días después, mi madre y mis hermanas menores, Marika, de 14 años, y Marta, de 11, fueron asesinadas con el gas Zyklon B a las dos horas de llegar. Al día siguiente le pregunté a un preso polaco y me dijo que no pensara en eso, que descansara y que ya me lo dirían. Le insistí, me cogió del brazo, me sacó fuera a ver la chimenea humeante y me dijo: "Todos los que vinieron contigo se están liberando". No supe qué pensar. Días después vi que tenía razón. Mi hermana mayor, Rachel, fue seleccionada para trabajar y se salvó. Ella nunca quiso hablar ni oír hablar del campo. Cuando todo acabó, tardé 12 años en encontrarla. Se fue a Grecia y luego a Israel porque estaba allí su novio, un francés al que conoció en Auschwitz. Murió hace siete años.
P. ¿Y su hermano?
R. Cuando los rusos liberaron el campo no nos vimos. Supe que estaba vivo y que había ido a Roma. Tardé siete años en verle. Tampoco quiso contar nunca nada. Casi nadie quiso contar nada nunca. Tampoco mis primos. Sólo yo pude.
P. ¿Empezaron enseguida a trabajar?
R. Al día siguiente. Primero nos cortaron el pelo y nos afeitaron el cuerpo entero, para purificarnos, supongo. Cada vez que llegaba un tren era el mismo rito. Muchos días llegaban cuatro o cinco trenes. Había dos médicos que te examinaban: te miraban por detrás, y si veían que tenías las carnes del culo flojas, te ponían aparte para darte un tiro en la nuca. A los demás nos duchaban y nos pasaban a una mesa larga donde nos tatuaban el número en el brazo. El mío es el 182.727. Después te daban la ropa de un muerto, por aquella época ya no quedaban uniformes. Ahí le pregunté a uno de Salónica por mi hermano y me dijo que se había salvado con dos primos.
P. ¿Luego qué pasó?
R. Nos metieron en el barracón de la cuarentena. Si estabas enfermo, te descartaban. Tenían menester de personas para trabajar. Un día vinieron a buscar a 80 personas y yo dije que sabía hacer de barbero. No era verdad, pero todos dijimos lo mismo. Pasamos tres semanas en el campo de trabajo, barracones 9 y 11, rodeados por una alambrada de espino. Un polaco me explicó lo que pasaba. "Somos el comando especial y hacemos esto y esto". Mi obsesión era comer. Me dijo que los que trabajaban en el comando comían un poco más que los demás. Y que cada tres meses hacían la selección para que no hubiera testigos.
P. Y empezó a trabajar de barbero.
R. Me dieron unas tijeras muy grandes, como de poda. Cortaba el pelo de las mujeres muertas. Usaban los cabellos para hacer ropa, y también para fabricar moquetas para los submarinos. Un amigo dijo que era dentista y le dieron unas pinzas y un espejito para quitar el oro de la boca de los muertos. Trabajábamos 12 horas al día. Una semana de noche y otra de día. Era uno de los mejores horarios.
P. ¿Los que llegaban sabían que iban a morir?
R. Nadie lo sabía. Te decían que ibas a la ducha y luego a la casa. Te asignaban una percha para la ropa con un número, y te decían que lo recordaras para que no te lo robaran. La capacidad de la cámara de gas era de 1.450 personas, pero muchas veces metían a 1.700. Los comandos les ayudaban a desvestirse y les acompañaban hasta la única puerta. El gas lo metían los alemanes desde fuera por unas trampillas del sótano; venían en un coche con el emblema de la Cruz Roja para engañarles, sacaban una caja de metal, la abrían y metían en los agujeros las piedrecitas impregnadas de ácido cianhídrico. Con el calor de la gente, las piedras soltaban vapor, y por eso los más fuertes trataban de trepar a lo más alto para salvarse. Morían como moscas. Desde fuera, un alemán miraba por la mirilla y encendía la luz para ver si todavía estaban vivos.
P. ¿Y luego llegaba el turno de los barberos?
R. Primero tenían que sacar los cuerpos desde la cámara hasta el atrio, donde estábamos los barberos y los dentistas. Era difícil sacarlos, porque los cuerpos estaban atenazados unos con otros. Cuando nosotros terminábamos el trabajo, se subían los cuerpos en el ascensor hasta los hornos. Cada horno tenía tres bocas, y se metían los cuerpos de dos en dos en cada boca. Esos turnos duraban también 24 horas.
P. Coincidió usted en el campo de exterminio con Primo Levi [escritor judío italiano autor, entre otros libros, de Si esto es un hombre, un relato sobrecogedor sobre su estancia en Auschwitz] . ¿Qué le parece lo que escribió sobre los comandos especiales?
R. Primo Levi hizo cosas que no debió hacer. Escribió mal de los que trabajábamos allí. Dijo que éramos los cuervos negros. ¡Ojalá hubiera sido yo un cuervo negro para poder salir volando de allí! Mejor eso que dejar de ser persona y convertirte en un número. No teníamos elección. Trabajando no pasabas frío, dormíamos junto a los hornos, y comías un poco más. Mientras yo estuve allí, entre septiembre y noviembre de 1944, mataron a 741 sonderkommandos. Y antes de que yo llegara, a algunos cientos más. De más de 1.000, solo nos salvamos 70 u 80. Y con mucha suerte.
P. ¿Y cómo es posible soportar eso casi nueve meses, formar parte del engranaje?
R. La primera semana no entendías cómo no te volvías loco. Tenías un pedazo de pan en la mano y pensabas: "Con esta mano he tocado a los muertos". Luego, el cerebro cambia, te conviertes en un autómata, no piensas, sólo esperas no toparte con gente que conoces, cuando veías un conocido era terrible. Yo me encontré con mi primo León cuando ya llegaban los rusos, el último día. Me llamó y casi no le reconocía. Hablé con un alemán, le pedí que lo salvara, me dijo: "Aquí no se salva nadie". "León, no hay nada que hacer", le dije, y le pregunté si tenía hambre. Subí a buscarle una lata de sardinas y se la comió en un segundo. Me preguntó cómo iba a morir, si duraba mucho, le acompañé a la cámara de gas y luego le saqué...
P. ¿Usted se ha sentido o se siente culpable de haber sobrevivido?
R. No me siento culpable de nada... Tuve suerte. A los que no querían trabajar los mataban, a los que trabajaban, también. Para ellos, matar a 100 o 1.000 era la misma cosa. A veces llegaban tantos que los mataban a todos sin seleccionar a nadie. Otras veces había tantos trenes, que los dejaban allí y se morían dentro antes de salir.
P. ¿Cómo fue el final?
R. Dieron orden de limpiarlo todo para no dejar pruebas. Empezaron a destruir los hornos, cada día usaban a 1.000 niños para quitar las tejas. Cuando dieron la orden de evacuar, fuimos andando tres kilómetros desde Birkenau hasta Auschwitz, allí la gente estaba loca de contenta. Los de los comandos íbamos juntos, nos metieron en un barracón, y a medianoche entró un alemán preguntando quién había trabajado en los comandos, pero nadie dijo nada. A las cinco empezó la marcha de la muerte. Al que se caía, lo mataban. Solo quedaron atrás los enfermos, no los podían enterrar. Anduvimos dos días a pie, durmiendo al raso, hasta Mauthausen... Luego vine a Italia, conocí a Marika, tuve tres hijos estupendos...
P. Y finalmente se animó a contarlo.
R. Nunca encontré a nadie que me contara nada. Ni mi hermana, ni mi hermano, ni mis primos quisieron hablar... En Israel conocí al jefe del comando que nos salvó la vida, pero ya estaba muy mayor.... Sólo quedaba yo...
Fuente: Articulo Dominical del Pais
23 abril 2010
¿San Jorge o San Jordi?
| Anónimo (Jaca) | ||||||||||||||||||||||||||
| Jerónimo Cosida (Zaragoza) | ||||||||||||||||||||||||||
| José Ramírez (Zaragoza) | ||||||||||||||||||||||||||
| Natalio Bayo (Zaragoza) |
28 noviembre 2009
El zaragozano que fue espia y agente del FBI
Creemos que don Florentín Lorén tiene mucho que contar. Nosotros sólo vamos a dejar constancia de la conversación que sostuvimos ayer, como consecuencia de una carta recibida con anterioridad en nuestro periódico. Sabemos que don Florentín, desde sus venerables ochenta años -y toda la experiencia del mundo sobre sus espaldas- comprenderá fácilmente nuestra postura. Desearíamos dejar cumplido testimonio de todas sus palabras, si tuviéramos espacio para ello. Merecería la pena. Pero el tiempo y el espacio son otras tantas tiranías que es necesario acatar. Don Florentín Lorén nos decía en su carta: ‘Desde mi juventud que tengo una deuda de conciencia con el Tesoro español, la que deseo pagar y no sé a quién mandar el dinero. Algunos países tienen un fondo especial de conciencia’.
Y más adelante añadía:
‘Empecé por ir a Francia, a Italia, a Inglaterra, a Alemania, a Estados Unidos. En Italia no pude hallar trabajo, se acabaron los recursos y el consulado español en Génova me dio once días de subsistencia y pasaje de cubierta en un carguero que se dirigía a Barcelona. Total, cuarenta pesetas. En agradecimiento quiero hacer un donativo al Tesoro español de diez mil (10.000) pesetas y no sé a dónde dirigirlo…’.
Era el séptimo hijo de una humilde familia de hortelanos zaragozanos. El séptimo entre doce. Y sintió la llamada de la cultura, hasta el extremo de visitar los países más avanzados y estudiar las obras maestras de la literatura y el arte.
-Fue a los dieciséis años -recuerda- cuando me entró esta afición por aprender.
Comenzó a estudiar francés, pagando tres pesetas por las clases. Más tarde, en Madrid, decidió familiarizarse con el inglés, pagando las clases con lo que ganaba por poner adoquines en la calle de Velázquez. La primera guerra mundial de 1914 le sorprendió en Inglaterra. Y dos años más tarde, en 1916, decidió embarcar para Estados Unidos, donde podría perfeccionar su inglés sin tantas preocupaciones.
-Mi primer trabajo en América fue en un hotel, como recepcionista. Pero los patrióticos discursos del presidente Wilson, cuyas palabras estaban cargadas siempre de sentimentalismo, me indujeron a alistarme en el Ejército estadounidense. También me impulsó a ello el cariño que sentía por Francia, por lo que me pareció que era bueno derrotar a los prusianos. Al poco tiempo de estar en el Ejército me ascendieron a sargento, en atención a que hablaba inglés, francés, italiano y un poco de alemán. Hice la guerra en una compañía de contraespionaje. Después, al finalizar la contienda, quisieron premiar mis méritos y me destinaron a la Conferencia de la Paz en París.
-¿Cuál fue su primer sueldo en Estados Unidos?
-Siete dólares. Pero nada más ingresar en el Ejército comencé a ganar un dólar diario.
Formó parte de un cuerpo especial creado por una ley del Congreso. Lo propusieron para oficial, pero dejó el Ejército sin llegar a beneficiarse de lo que había comenzado como excelente carrera militar. Recibió una carta del general en jefe. Una carta que actualmente posee un extraordinario valor histórico. Ya en la vida civil recibió la protección del coronel Moreno, un hombre de Kentucky, pese a su apellido español.
-El coronel Moreno consiguió mi ingreso en el F. B. I. como agente especial. Lo curioso del caso es que llegué a hacer el juramento en el Ministerio de Justicia sin ser ciudadano de los Estados Unidos. Se dieron cuenta tres meses después, y tuve que gestionar rápidamente la obtención de la ciudadanía americana.
Conoció y trató personalmente al actual director del F.B.I.
-Mister Hoover -señala don Florentín Lorén- era el taquígrafo de la oficina en los mismos años en que yo ejercía como agente especial.
Nuestro hombre dejó el F.B.I. cuando el departamento sufrió una crisis política. Luego, en el futuro, estaría ajeno a estas influencias.
-Cuando dejé el F. B. I. decidí investigar por mi cuenta todo cuanto sucedía en la Marina, donde los latrocinios eran frecuentes. La Marina estaba sin reglamentar. De manera que me fui a navegar. Creí lograr mis propósitos en uno o dos años y permanecí navegando por espacio de siete. Tuve ocasión de conocer todas las compañías marítimas y pude atar cabos y conseguir un informe completo. Cuando desembarqué, en 1936, ya se había formado una comisión para buscar soluciones al problema. Esta comisión la presidía un hombre prestigioso, que había sido embajador de los Estados Unidos en Londres: mister Joseph Kennedy, padre del que después llegarla a ser presidente del país, John F. Kennedy. De manera que me dirigí a él…
Don Florentín Lorén había ejercido todos los cargos imaginables en la Marina, desde vigilante a contramaestre.
-Mister Kennedy me recibió inmediatamente. Cuando le informé del resultado de mi investigación personal me miró con asombro. ‘¿Cómo es posible?’. A continuación ordenó que me instalaran en un despacho. Al poco tiempo le presenté un ‘repórter’ de treinta y ocho páginas. ‘Aquí está el mal’, comentó mister Kennedy. ‘Pero, ¿cuál es el remedio?’ Yo le confesé que podía darle el remedio, pero que no lo había hecho constar en el informe por no ofender a su persona. Me pidió un nuevo informe y se lo di. Sugerí la conveniencia de crear la Academia de la Marina Mercante, única solución viable para poner remedio a todos los males. Le entusiasmó la idea. Y la Academia de la Marina Mercante fue fundada y tuvo un gran éxito.
Don Florentín Lorén tiene el pensamiento puesto en New London, en la academia que Joseph Kennedy hizo realidad siguiendo la sugerencia de un súbdito estadounidense nacido en Zaragoza, hijo de unos humildes hortelanos.
-Cuando terminé mi trabajo desaparecí. Nunca pedí nada a mister Kennedy.
Nuestro hombre siguió adelante. En los últimos dieciséis años fundó una sociedad anónima encargada de comprar edificios antiguos para reformarlos.
-Hasta que me jubilé por razones de salud. En Estados Unidos, donde tan bien se portaron conmigo, he dejado cuatro hijos y nueve nietos. Y yo he vuelto a Zaragoza, a un tiro de piedra de donde nací…
Fuente: Heraldo de Aragon
12 septiembre 2009
"Por esta hermosa cárcel, sigue todo tranquilo..."
Salomón Ortega, tenía 24 años cuando fue fusilado y por su cabeza no pasaba la idea de la muerte. Al menos, eso es lo que se desprende de la última carta que escribió a su familia, desde la prisión de Burgos, el 12 de septiembre de 1936, tres días antes de ser ejecutado con otros dos compañeros. Su sobrino, del mismo nombre, le busca desde hace mucho tiempo. Reunidos todos los permisos y un equipo de más de 15 voluntarios, espera poder encontrarle hoy en una fosa común en el término de El Picón de Valdeabejas, en Rabaneda (Burgos).
La noticia en otros webs
Le habían detenido el 31 de julio de 1936 con otros dos compañeros, que lo fueron hasta la muerte: Leopoldo Velasco y Victoriano Sanz. Ocurrió en Hontoria del Pinar, un municipio de Burgos que en aquellas fechas se comportó como los demás, con ejecuciones, paseos y vecinos que aprovechaban la coyuntura para resolver insignificantes rencillas con
falsas denuncias que terminaban en ejecución. Salomón ni si quiera vivía en aquel pueblo. Estudiaba en Madrid, y el día que fue detenido estaba de visita, ayudando a su padre, secretario del Ayuntamiento de Hontoria del Pinar.
Su última carta no es la de un hombre con temor a morir asesinado. Quizá sí sean las últimas líneas de un joven valiente que no quiere que los suyos lloren antes de tiempo. Porque es una carta que habla de futuro en la que un hombre con todo el tiempo del mundo se detiene a hablar de las cosas más livianas, como pedirle a sus hermanos, que le guarden jamón para cuando vuelva.
Salomón les advierte de que en la última carta que le han escrito han cometido faltas de ortografía: "salud se escribe con d al final y a la Aurorita le dices que olvida se escribe con v, que está mejor, procura arreglar un poco la letra y serás un "tio" sabiendo escribir..."
Les informa de que no podrá llevarles regalos: "querido, te has pensado que estoy ahora en América o poco menos. No hijo no, ahora estoy en la cárcel y no sé si para cuando me suelten tendré alguna perra disponible para llevarte algo..."
Se preocupa por su madre: "¿está contenta?, que no llore y dile que ya será cosa de poco tiempo, que pronto la daré muchos besos..."
Y por el comportamiento de "Juanito": "que se porte bien, que me supongo será ya un hombre formal ¿no? Y sobre todo, que te enseñe a escribir a máquina..."
Intenta tranquilizarles: "Por esta hermosa cárcel todo sigue tranquilo y sin nada digno de mención, los compañeros de Hontoria y yo seguimos estupendamente y con una salud formidable; a sus familiares les dais recuerdos, como a todos los vecinos".
Y se despide con un deseo: "a ver si para San Cosme, nos podemos gastar juntos las 17 pts que me mandáis ahora" y "un fuerte abrazo de vuestro hermano que os quiere y no os olvida nunca".
A ese hombre buscan hoy en la tierra de Ramaneda su sobrino y un grupo de voluntarios coordinados por el experto forense Francisco Etxeberria.
Fuente: EL PAIS
25 julio 2009
10 marzo 2009
RESISTENCIA (A LOS HEROES Y HEROINAS DE ZARAGOZA)
Después de varios días de combate conseguimos batir en retirada a las mejores tropas del mundo como eran las francesas. Ramón y yo estábamos exhaustos, sabíamos que volverían pronto y con refuerzos y no sabíamos si seriamos capaces de hacerles replegar otra vez .Aun quedaban en mi memoria los acontecimientos de los días pasados ,el retumbar de cañones me hacía todavía daño en los oídos, en mi memoria aun residía aquel fatídico 1 de Agosto cuando más de 15.000 franceses se preparaban para el asalto final. Durante tres días nos estuvieron bombardeando esos cabrones ,causándonos innumerables daños en las murallas de la ciudad, pasados los tres días consiguieron abrirnos una brecha por Santa Engracia, reculando nosotros hacia la calle de Azoque donde degollábamos y matábamos sin piedad, Allí cayeron el pobre Evaristo ,agricultor por más señas que se había venido a defender su ciudad de las hordas invasoras ,Evaristo era de Calatorao y dejaba una mujer y cuatro hijos ,que ahora se tendrían que hacer cargo de las tierras, también cayó el Padre Fernando ,Párroco de una iglesia pequeñita de torrero, esté era cachondo cada vez que degollaba a un francés le aplicaba la extremaunción, cuántas veces le decíamos –Padre en una de estas no lo cuenta-,y nos reíamos a carcajadas, el bueno de Agustín ,otro agricultor de las huertas que vino a defender la ciudad ante el llamamiento del General Palafox. En esas estábamos luchando cuando oímos el sonido de los cascos de caballos de la temida caballería polaca, no llego hasta nosotros ya que la gente le empezó a tirar desde los tejados tejas y ladrillos, donde los ciudadanos con un valor sin igual se echan entre las patas de los caballos acuchillándolos, lo que hace que se replieguen.
En estas conseguimos llegar hasta el final de la calle donde se emplazan unas piezas de artillería ligera y conseguimos aguantar por algún tiempo, finalmente consiguieron que huyéramos en desbandada, abandonando la lucha. Llorando veíamos como los franceses entraban en nuestra querida ciudad, en dirección a nuestro mercado; la calle San Gil y nuestro barrio de la Magdalena.
Huyendo estábamos como alma que lleva al diablo hacia el puente de piedra cuando nos encontramos un cañón de frente, en él un militarucho ordenándonos que volviéramos a luchar o disparaba el cañon, casi nos cagamos de miedo mi compadre y yo. Cogiendo dos fusiles de dos muertos nos dirigimos con otros paisanos a la batalla. Un gacho con traje de Fraile va y nos dice-si vamos por los tejados conseguiremos infiltrarnos entre ellos y luchar-rápidamente mire a Ramón y haciéndole un gesto con la mano en mi sien le indico que esta ido. Púes debíamos estar todos idos, porque aun no lo ha dicho y ya estamos por los tejados avanzando, de vez en cuando nos parábamos y matábamos a algún francés. Combatimos casa por casa, tejado por tejado, en definitiva conseguimos hacerles retroceder hasta las mismas puertas de la ciudad. En los días siguientes nos toco luchar cuerpo a cuerpo, habitación por habitación, y agujero por agujero. En estas estábamos cuando llego nuestro General con refuerzos y armas, logrando así el repliegue de las tropas francesas ante nuestros vítores. Pero como he dicho anteriormente sabíamos que los franceses no tardarían en venir otra vez, y está seguro que venían mas, con que en esas estábamos en este momento fortificando la ciudad y preparándonos para cuando llegaran, pero eso será otra historia……………
Un saludo para todas mis visitas
09 marzo 2009
El Pozo de San Lazaro (Zaragoza)
Un Saludo para todas mis visitas.
02 marzo 2009
Recreacion guerra de los Sitios


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Este pasado fin de Semana hemos tenido un acontecimiento sin igual en Zaragoza,la recreacion de la guerra de los sitios,el Sabado en el Paseo de Independencia hubo una batalla entre las tropas con polvora real,lo cual provoco un estruendo sin precedentes.El Domingo se traslado a la Aljaferia.Os he puesto unas fotos para que veais lo que se hizo.No olvidemos que Zaragoza tuvo dos sitios ,que sus gentes lucharon calle por calle y convento por convento,causando una cantidad de bajas importantes al poderoso ejercito frances.Aparte de heroes como Boggiero o el padre Sas,General Palafox y otros,no olvidemos a la Condesa de Bureta,Mª Agustin,Manuela Sancho Casta Alvarez y la mas famosa de nuestras heroinas Agustina de Aragon.Por todos los heroes y heroinas Zaragoza nunca os olvidara .
En 1808 los franceses vinieron a sitiarnos,
Pero los zaragozanos opusimos resistencia,
Desde el convento de San Agustín se lucho,
También desde las Mónicas,
Calle por calle cayeron los valientes,
La puerta del Carmen resistió,
Como lo hizo el Pilar.
En la puerta del Portillo a punto de caer,
Un cañonazo resonó, lo prendió
Agustina de Aragon,a viva voz grito,
Maños y mañas lucha al opresor,
Y todos acudieron al grito de,
¡Zaragoza no se rinde!.
26 febrero 2009
Zaragoza
Zaragoza no se rinde. La reducirán a polvo: de sus históricas casas no quedará ladrillo sobre ladrillo; caerán sus cien templos; su suelo abrirase vomitando llamas; y lanzados al aire los cimientos, caerán las tejas al fondo de los pozos; pero entre los escombros y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.
Benito Pérez Galdós
Este Sabado que viene celebraremos en Zaragoza el bicentenario de los sitios de Zaragoza,aunque fue el año pasado ,lo que pasa que no se celebro por la Expo.Primero desfile en Paseo de Independencia,por la tarde reconstruccion de una batalla ,tambien en el Paseo de Independencia,el Domingo tambien habra varios actos alrededor de la Aljaferia,lo escrito anteriormente es un extracto de los Episodios Nacionales de Benito Perez Galdos.
Zaragoza ciudad de valientes,
ellos lucharon por su ciudad,
arrimaron el hombro ,hombres y mujeres.
Agustina con su cañon.
la mas famosa,
unos pocos ,ganaron a muchos,
dando ejemplo a toda España.
Ahora sus ciudadanos recordamos,
a nuestros valientes,
gritando todos ,
¡Zaragoza no se rinde!.
Autor Jose Manuel
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Desde hace tiempo me apetecia mostraros artistas aragoneses y ha sido hoy cuando me he decidido a empezar. Comenzare con un impresionista qu...
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Si el sol nunca resplandeciera mas, si el mar se secara, o si las estrellas nunca volvieran a brillar. Yo junto a ti cogido de la m...

