Hoy un relato para olvidarnos de tristezas y penas .
El hombre sentado en la puerta de la taberna era alto, su sombrero llevaba con el algunos años y había perdido todo su lustre, el jubón y la casaca se notaban viejas por la cantidad de remiendos que llevaba, sus botas ya no tenían lustro de la cantidad de veces que las había cepillado. Lo único que brillaba en aquel hombre era la larga espada que llevaba colgada en la cintura, un ex soldado nunca podía llevar sus armas sucias, siempre tenían que estar preparadas y afiladas. Espada larga con empuñadura redonda para proteger la mano en un lado, en la otra daga y en el centro pistola. Por no tener no tenía ni cabalgadura, lo cual suponía una afrenta para su condición de hidalguía, qué lejos quedaban aquellos años donde se temía a los Españoles allí donde fuesen, pero los tiempos habían cambiado y estaban en plena decadencia, ante una mala política influenciada como estaba la corona por la Iglesia.
Su rostro denotaba el cansancio de mil batallas, una gran cicatriz le recorría la cara desde su ojo izquierdo hasta la barbilla; Se la hizo un holandés en Flandes, el que se llevo peor parte fue el holandés que murió en un decir Jesús. Llevaba un mostacho como los de la época, el cual le llevaba un tiempo cada día en arreglar. Sus pensamientos evocaban tiempos de guerra, riquezas y amores ahora olvidados, muchos de sus compañeros habían encontrado grandes mujeres que les habían dado varios hijos, convirtiéndoles a algunos en posaderos y a otros en labradores, llevando una vida tranquila y monótona junto a su familia.
Su bolsa en otro tiempo llena se encontraba vacía, vivía a costa de la lozana posadera ,viuda de buenas carnes y pechos prominentes que le daban cobijo en las largas noches de invierno y que había cedido ante los galanteos del hidalgo, mujer celosa donde las hubiera y que él solo usaba para poder comer.
En otros tiempos visitaba la corte y ahora se contentaba con tabernas de poca monta y bebía vino acido y comía en vez de faisanes gallinas.
Su espada a la venta del mejor postor, lo que antes era honor ahora era supervivencia, como aquella vez que tuvo que dirimir a estocadas los cuernos del Marqués de Málaga, matando al que se tiraba a su mujer, la Marquesa, mujer 20 años más joven que él y que necesitaba de otras cosas que el señor Marques no podía proporcionar.
¡Don Armando, Don Armando, están reclutando gente para ir a pelear contra los franceses! , venia gritando un rapaz de la calle, sin mirarlo y sin dirigirle la palabra me levante y fui a vender mi espada para luchar. A ver si había suerte y moría en el campo de batalla con honor.
Un saludo a todas mis visitas.
Este es tu blog para leer, opinar y escuchar buena música. Puedes opinar pero siempre con educaciòn
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